viernes, 7 de agosto de 2026

El COMPLEX DE SANT FELIU Y EL PRECIO DE NO ASUMIR EL RIESGO

 












Si una concesión es económicamente inviable, acumula deuda y necesita el apoyo del Ayuntamiento, la pregunta no es cómo volver a salvarla. La pregunta es por qué volvemos a confiarle el mismo riesgo.

Hay veces que los números son mucho más incómodos que cualquier opinión. Y, en el caso del Complex Municipal de Piscines de Sant Feliu de Llobregat, los números llevan años intentando decirnos algo. La cuestión es si queremos escucharlos.

El Club Natació Sant Feliu comenzó a gestionar el Complex en 2007, mediante una concesión administrativa de 25 años. No estamos, por tanto, ante una experiencia reciente ni ante un gestor al que no se le haya dado tiempo para demostrar su capacidad. Han pasado casi veinte años. Y durante ese tiempo hemos tenido resultados negativos, aportaciones municipales, deuda, planes de viabilidad, auditorías y, finalmente, un estudio de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) solicitado por el propio Ayuntamiento.

La conclusión de aquel proceso debería hacernos reflexionar mucho más de lo que lo estamos haciendo.

La AIReF puso los números encima de la mesa

La AIReF constató que, durante los años de vigencia de la concesión, diferentes circunstancias económicas habían provocado resultados negativos y que las auditorías realizadas mostraban fondos propios, patrimonio neto y fondo de maniobra negativos, pese a las contribuciones realizadas por el Ayuntamiento. Dicho de una manera más sencilla, el modelo no estaba funcionando económicamente.

Lo dice el historial económico que analiza la AIReF. Pero todavía hay más. En 2020, el Ayuntamiento encargó un dictamen jurídico, económico-financiero y técnico sobre la viabilidad de la concesión. La conclusión fue que, atendiendo a las condiciones existentes, el Complex Municipal de Piscines era económicamente inviable.

Ante esta situación, el Ayuntamiento inició en 2021 el procedimiento para resolver de mutuo acuerdo la concesión y encargó a la AIReF que analizara sus consecuencias económicas. Por tanto, no estamos hablando de una administración que descubriera ayer que había un problema. El problema llevaba años encima de la mesa.

Casi dos millones de deuda

El informe de la AIReF cuantificó la deuda total de la concesión a 31 de marzo de 2021 en 1.949.944 euros.

De esa cantidad:

1.547.802 euros correspondían al Ayuntamiento.

152.398 euros a la Seguridad Social.

249.744 euros a entidades de crédito.

Conviene ser rigurosos con las cifras. Los 1,95 millones son la deuda total de la concesión, no la deuda exclusivamente con el Ayuntamiento. Pero la cifra que corresponde al Ayuntamiento sigue siendo extraordinariamente significativa: más de 1,5 millones de euros. Y la propia AIReF realiza posteriormente una propuesta de liquidación en la que parte de esos 1.547.802 euros y descuenta 88.617,54 euros correspondientes a inversiones pendientes de amortizar.

Resultado: 1.459.184 euros. Esa es la cantidad que la AIReF plantea como deuda pendiente con el Ayuntamiento después de esa compensación. Creo que deberíamos recordar estas cifras cada vez que volvamos a hablar de la gestión de la piscina. Porque la memoria institucional también forma parte de la buena gestión.

¿Qué ocurre cuando las pérdidas no las asume quien decide?

Aquí está el verdadero debate. En cualquier actividad económica existe una regla bastante sencilla, quien obtiene el beneficio cuando las cosas van bien debería asumir también las pérdidas cuando van mal.

No siempre funciona exactamente así, por supuesto. Hay contratos públicos, servicios esenciales y riesgos que pueden repartirse legítimamente entre las partes. Pero hay algo que no deberíamos aceptar como normal y es que las pérdidas se conviertan sistemáticamente en un problema de todos. Porque entonces aparece un incentivo perverso. Si quien gestiona sabe que, cuando las cosas se tuercen, el Ayuntamiento puede aportar recursos, condonar cantidades, renegociar condiciones o asumir determinadas consecuencias, el riesgo económico deja de recaer íntegramente sobre quien toma las decisiones.

Y cuando el riesgo desaparece, también desaparece parte del incentivo para gestionarlo correctamente. Eso tiene un nombre en economía: riesgo moral (Moral Hazard).

El Ayuntamiento también tiene responsabilidad

Pero sería demasiado cómodo detenernos aquí y señalar únicamente al club. Porque si existe riesgo moral, alguien ha construido las reglas que lo permiten. Y ese alguien es la Administración. El Ayuntamiento no es un espectador de esta historia. Es el propietario de la instalación. Es quien adjudicó la concesión. Es quien fijó sus condiciones. Es quien tuvo que controlar su cumplimiento. Es quien realizó aportaciones. Y es quien finalmente decidió resolver la concesión.

Por tanto, si durante años se acumularon pérdidas y deuda, también tenemos que preguntarnos qué mecanismos de control funcionaron y cuáles no. Porque una Administración puede equivocarse una vez. Puede incluso equivocarse dos. Pero cuando un problema se prolonga durante años, deja de ser solamente un problema del gestor. Se convierte también en un problema de gobernanza.

El coste de rescatar un modelo

Hay una tentación muy comprensible cuando hablamos de instalaciones deportivas municipales. Pensar que el objetivo prioritario es que el club sobreviva. Se entiende. Los clubes tienen deportistas, familias, trabajadores, historia y una función social. Pero precisamente por eso creo que debemos separar dos conceptos, salvar la actividad deportiva no significa necesariamente salvar el modelo de gestión.

Son cosas diferentes. Si el Club Natació Sant Feliu desarrolla una magnífica labor deportiva, eso no demuestra automáticamente que sea el gestor más eficiente para explotar una instalación compleja. Del mismo modo, que una empresa pueda gestionar mejor una piscina no significa que deba decidir qué deporte se practica en ella. Podemos separar ambas funciones. Y probablemente deberíamos hacerlo.

Entonces llega 2026

Y aquí aparece la parte que más me llama la atención. Después de todo lo anterior, el Ayuntamiento vuelve a confiar la gestión al mismo club después de haber declarado inviable económicamente la anterior concesión. Y aparece una garantía definitiva de 333.987,16 euros. El club plantea que no puede asumir la retención íntegra de esa cantidad en la primera factura y solicita que se fraccione en siete mensualidades. No me sorprende que un club pueda tener dificultades para disponer de 334.000 euros de liquidez inmediata. Lo que me sorprende es que esta cuestión vuelva a aparecer después de todo lo que ya sabíamos. Porque la solvencia del gestor no debería ser una sorpresa al día siguiente de la adjudicación. Debería ser una de las primeras preguntas.

Si un operador no puede asumir el riesgo económico que razonablemente corresponde a la concesión, quizá debamos preguntarnos si ese operador es el adecuado para asumirla.

Esta afirmación puede resultar incómoda, pero creo que es necesaria. Una concesión no es un derecho adquirido. Es una actividad económica en la que alguien asume unos riesgos a cambio de obtener unos derechos de explotación. Si el riesgo es demasiado grande para un determinado operador, quizá ese operador no sea el adecuado. Y eso no es una crítica personal. Es economía básica.

Si yo no puedo asumir las pérdidas potenciales de una inversión, no debería hacer esa inversión esperando que alguien venga después a cubrirlas. ¿Por qué tendría que funcionar de otra manera cuando hablamos de dinero público?

 

Competir significa también poder perder

Hay otra palabra que hemos utilizado mucho en los últimos años: competencia.

Pero la competencia tiene sentido solamente si existe la posibilidad real de ganar y de perder. Si un operador privado sabe que puede perder dinero, pero un operador vinculado a una institución local tiene una expectativa razonable de recibir apoyo público cuando las cosas van mal, ya no estamos hablando exactamente de las mismas condiciones competitivas. Por eso tampoco creo que la solución sea diseñar concursos pensando en quién queremos que gane. Ni para que gane el club. Ni para que gane una empresa privada.

El pliego debería estar diseñado para que gane quien sea capaz de prestar el servicio en las mejores condiciones para el municipio.

Y, después, quien gane debe asumir las consecuencias de haber ofertado. Eso incluye las malas. ¿Y qué pasa con el deporte base? Aquí es donde algunos pueden decir: “Pero es que estamos hablando de un club deportivo.” Sí. Y precisamente por eso la propuesta sería separar las cosas:

Quiero proteger el deporte base. Quiero que los niños tengan piscina. Quiero que el club tenga calles para entrenar. Quiero que sus equipos puedan competir. Quiero que pueda crecer.

Pero no veo por qué para conseguir todo eso necesitamos necesariamente que el club cargue también con el riesgo empresarial de toda la instalación.

El Ayuntamiento puede garantizar el acceso deportivo mediante el contrato. Puede reservar espacios. Puede establecer condiciones para el deporte base. Puede fijar tarifas sociales. Puede controlar el servicio. Lo que no debería hacer es utilizar el interés deportivo como argumento para justificar indefinidamente un modelo económicamente deficitario. Porque entonces terminamos pagando dos veces, primero por la instalación y después por mantener artificialmente su modelo de gestión.

El Ayuntamiento no puede ser un seguro contra las pérdidas

Esta es probablemente la frase más incómoda de todo este artículo.

Pero también la que considero más importante. Un Ayuntamiento no debería convertirse en el seguro de último recurso de un concesionario. Si un operador gana una concesión, debe hacerlo porque puede asumir sus condiciones. Si después resulta que el negocio no es viable, habrá que analizar las causas y aplicar lo que corresponda contractualmente. Pero convertir cada pérdida en una nueva negociación con dinero público destruye los incentivos del sistema. Y, sobre todo, acaba trasladando el coste a ciudadanos que ni participan en la decisión empresarial ni reciben necesariamente el beneficio correspondiente.

 

La AIReF ya nos dio una salida

Hay un detalle del informe que considero especialmente revelador. La AIReF concluyó que la resolución de la concesión no ponía en peligro la estabilidad financiera del Ayuntamiento, que mantenía una posición fiscal saneada.

Es decir, el Ayuntamiento tenía margen para cambiar de modelo. No era necesario mantener una concesión inviable porque la alternativa fuera el colapso de las cuentas municipales. La oportunidad existía. La cuestión es qué hicimos con ella.

Conclusión

Después de leer la documentación, yo no creo que la pregunta sea si el Club Natació Sant Feliu merece una oportunidad. Creo que esa es la pregunta equivocada. La pregunta correcta es:

¿Qué modelo de gestión minimiza el coste para el ciudadano y maximiza la calidad del servicio?

Si la respuesta es el club, adelante. Pero con una condición, que pueda asumir el riesgo con sus propios recursos y cumplir las condiciones del contrato. Si la respuesta es un operador privado, adelante. Pero con competencia real, transparencia y control público. Si la respuesta es una fórmula mixta, también.

Lo que no creo que podamos seguir haciendo es mantener un modelo por inercia simplemente porque lleva funcionando (o sobreviviendo) desde 2007. Porque veinte años son tiempo suficiente para distinguir entre un problema coyuntural y un problema estructural. Y aquí tenemos demasiadas señales para seguir hablando de coyuntura. Una concesión que acumuló resultados negativos. Un patrimonio neto negativo. Un fondo de maniobra negativo. Aportaciones municipales. Una deuda total de casi dos millones de euros en 2021. Más de 1,5 millones con el propio Ayuntamiento. Una propuesta de liquidación de 1,459 millones. Un dictamen que calificó la concesión de económicamente inviable.

Y ahora, en 2026, una nueva adjudicación y una nueva dificultad para afrontar una garantía de 333.987 euros. Ante todo esto, mi pregunta no es si debemos ayudar al club.

Mi pregunta es:

¿Cuánto tiempo más estamos dispuestos a pagar por no haber decidido quién debe asumir realmente el riesgo?

Una piscina pública no puede funcionar sobre la expectativa de que alguien cubrirá las pérdidas.


Un club deportivo no debería necesitar convertirse en empresario de una instalación municipal para garantizar su futuro.

Y un Ayuntamiento no puede descubrir cada cuatro años que el problema que lleva veinte años encima de la mesa sigue ahí.

La pregunta ya no es quién debe salvar la piscina.

La pregunta es quién debe asumir el riesgo de gestionarla.

miércoles, 5 de agosto de 2026

LA PISICINA OLÍMPICA Y UNA VIEJA PREGUNTA DE LA ECONOMÍA

 

Ocho millones de euros. Esa es la cantidad que el Ayuntamiento prevé invertir en la construcción de la nueva piscina olímpica de nuestro municipio.

¿Es mucho dinero? ¿Es una inversión necesaria? ¿Existen prioridades más urgentes? Cada vecino tendrá su propia respuesta, y no es ese el debate que quiero plantear hoy.

La pregunta que me interesa es otra: ¿es diferente que una familia se endeude para construir una piscina en su casa a que un ayuntamiento lo haga para construir una piscina pública?

Puede parecer una cuestión sencilla, pero lleva más de doscientos años ocupando a algunos de los economistas más importantes de la historia.

Habrá quien piense que la piscina será una magnífica inversión para el municipio. Otros creerán que esos ocho millones podrían destinarse a necesidades más urgentes. Y probablemente ambos tengan argumentos razonables.

Precisamente por eso, mi intención no es discutir si la piscina debe construirse o no, sino utilizar este proyecto como punto de partida para reflexionar sobre una vieja teoría económica con un nombre poco atractivo —la equivalencia ricardiana— que plantea una cuestión fascinante: ¿es igual gastar dinero propio que gastar dinero público?

Una teoría con más de dos siglos

La equivalencia ricardiana debe su nombre al economista británico David Ricardo, quien en 1820, en su Essay on the Funding System, planteó una idea sorprendentemente moderna, cuando un gobierno necesita financiar un gasto, ¿existe realmente una diferencia entre subir los impuestos hoy o endeudarse y trasladar el pago al futuro?

Más de siglo y medio después, en 1974, el economista Robert Barro recuperó y desarrolló formalmente aquella intuición, convirtiéndola en una de las teorías más conocidas de la macroeconomía moderna.

Su planteamiento es sencillo. Imaginemos que un ayuntamiento necesita ocho millones de euros para construir una piscina.Puede recaudar ese dinero aumentando los impuestos o puede financiar la obra mediante deuda.

Según esta teoría, si los ciudadanos saben que esa deuda tendrá que devolverse en el futuro mediante impuestos, actuarán en consecuencia. En lugar de gastar el dinero que hoy no pagan en impuestos, lo ahorrarán porque saben que, tarde o temprano, tendrán que hacer frente a esa factura. Desde este punto de vista, la deuda no hace desaparecer el coste. Simplemente cambia el momento en el que se paga.

Es una teoría elegante y muy influyente. Sin embargo, mientras la leía, me di cuenta de que había otra cuestión todavía más interesante.

No toda la deuda es igual

Imaginemos ahora que un vecino decide construir una piscina en su casa. Pide un préstamo al banco. Quizá piense que mejorará su calidad de vida. Quizá crea que revalorizará su vivienda. O quizá simplemente sea un capricho que puede permitirse. Sea cual sea el motivo, hay algo evidente. Es él quien toma la decisión. Y será él quien pague cada una de las cuotas del préstamo.

Si dentro de diez años concluye que fue una mala idea, la factura será exclusivamente suya.

Ahora volvamos al ejemplo del ayuntamiento. La decisión ya no la toma una única persona. Tampoco el préstamo lo devolverá quien lo aprueba políticamente. Lo devolveremos entre todos. Incluso personas que nunca utilizarán esa piscina. Incluso vecinos que habrían preferido destinar esos recursos a otras prioridades. E incluso ciudadanos que todavía no viven aquí y que contribuirán mediante los impuestos del futuro.

Y creo que esa diferencia merece ser pensada con calma.

La cuestión no es la piscina

Llegados a este punto conviene aclarar algo. Este artículo no pretende afirmar que construir una piscina olímpica sea un error. Podría resultar una excelente inversión. Podría atraer competiciones deportivas. Podría fomentar la práctica del deporte. Podría convertirse en una infraestructura útil durante décadas. O quizá no. No lo sé. Y, sinceramente, tampoco es el objeto de estas líneas. Lo verdaderamente interesante es otra cosa.

Cuando una familia se endeuda, normalmente quien decide, quien obtiene el beneficio y quien asume el coste son prácticamente la misma persona. En la deuda pública, esas tres figuras ya no coinciden necesariamente. Y cuando quien decide no soporta íntegramente las consecuencias de su decisión, los incentivos cambian. Los economistas llevan décadas estudiando precisamente eso. No porque los gobernantes sean mejores o peores personas. Sino porque las instituciones importan.

Los incentivos importan

Hay una idea muy repetida en economía: los incentivos importan.

Y creo que pocas cuestiones ilustran mejor esa afirmación que la deuda pública. Un empresario que invierte mal puede perder su empresa. Un particular que compra una vivienda por encima de sus posibilidades puede pasar años pagando una mala decisión. En ambos casos existe una relación muy directa entre decisión y responsabilidad. En cambio, cuando una administración pública se endeuda, esa relación se vuelve mucho más compleja. Los beneficios pueden disfrutarse hoy. Los costes pueden repartirse durante décadas. Y esa diferencia cambia completamente la naturaleza del problema.

Una reflexión final

Economistas liberales suelen insistir en que la deuda pública no crea riqueza por sí sola. Simplemente adelanta gasto presente a costa de recursos futuros. Puede estar plenamente justificada si financia inversiones valiosas. Puede convertirse en un problema si financia proyectos cuya utilidad social no compensa su coste. Por eso, quizá la discusión nunca debería limitarse a preguntar cuánto cuesta una piscina.

La pregunta realmente importante es otra.

¿Qué criterios utilizamos para decidir qué proyectos merecen comprometer los impuestos de los próximos años?

Porque el verdadero debate no es la piscina. Ni siquiera son los ocho millones de euros. El verdadero debate consiste en decidir cuándo es razonable comprometer recursos que todavía no hemos generado y que, en parte, terminarán pagando personas que nunca participaron en la decisión.

David Ricardo formuló esa pregunta hace más de doscientos años. Y, a la vista de los debates actuales sobre el gasto público, la deuda y las prioridades de nuestras administraciones, quizá siga siendo una de las preguntas más vigentes de toda la economía.


jueves, 25 de junio de 2026

DE MADRID A SANT FELIU: CUANDO LAS PRIORIDADES REALES NO COINCIDEN CON LOS DISCURSOS

 

En política hay una regla que se repite una y otra vez: las prioridades reales no se descubren escuchando discursos, sino observando decisiones. Lo que un gobierno dice y lo que un gobierno hace son a menudo dos cosas muy distintas. Y esa diferencia, que hoy vemos constantemente en la política nacional, también puede observarse en Sant Feliu de Llobregat.

Llevamos meses escuchando a los socios parlamentarios de Pedro Sánchez criticar duramente al Gobierno. Amenazan con romper acuerdos, marcan líneas rojas y denuncian incumplimientos. Sin embargo, cuando llega el momento decisivo, la legislatura continúa. Los presupuestos salen adelante, las votaciones clave se mantienen y el Gobierno sigue gobernando.

¿Por qué ocurre esto? Porque los incentivos pesan más que los discursos. Los partidos que sostienen al Gobierno saben que actualmente tienen más capacidad de influencia manteniendo la situación actual que provocando unas elecciones. Por eso el relato público y la realidad política no siempre coinciden.

En el ámbito municipal sucede algo parecido. También aquí conviene analizar menos las declaraciones y más las decisiones.

Desde hace años el gobierno municipal de Sant Feliu insiste en que uno de los principales problemas de la ciudad es la vivienda. Se habla de dificultades de acceso, de precios elevados y de la necesidad de ampliar la oferta habitacional. Es un diagnóstico que muchos vecinos comparten.

Sin embargo, cuando observamos cuál es una de las inversiones más importantes previstas para los próximos años, encontramos una realidad diferente: una piscina olímpica exterior climatizada de 52 por 25 metros, con una inversión cercana a los ocho millones de euros en su primera fase, además de los costes asociados de urbanización y adecuación de los terrenos.

No se trata de cuestionar el deporte ni la utilidad de una instalación moderna. Tampoco de poner en duda el trabajo del Club Natació Sant Feliu. La pregunta es otra: si la vivienda es realmente la principal prioridad política, ¿por qué las grandes inversiones no reflejan esa prioridad?

El Ayuntamiento destaca que parte de la financiación procede de fondos europeos FEDER. Pero los fondos europeos también son dinero público aportado por los contribuyentes. No son recursos gratuitos ni ilimitados. Como cualquier inversión pública, implican una elección sobre dónde destinar unos recursos que siempre son escasos.

La propia justificación municipal señala que uno de los objetivos fundamentales del proyecto es dotar al Club Natació Sant Feliu de una instalación homologada para competiciones oficiales de waterpolo. Es una finalidad legítima. Sin embargo, resulta razonable preguntarse si esa necesidad debe situarse por delante de otras demandas que el propio gobierno municipal considera urgentes.

Al final, igual que ocurre en la política nacional, lo relevante no es lo que se proclama en ruedas de prensa o campañas institucionales. Lo relevante es aquello que se prioriza cuando llega el momento de decidir.

Las prioridades reales no aparecen en los discursos. Aparecen en los presupuestos.

Y cuando una administración destina millones de euros a una infraestructura deportiva mientras sigue afirmando que la vivienda es uno de los grandes problemas de la ciudad, los vecinos tienen derecho a preguntarse si existe una diferencia entre las prioridades anunciadas y las prioridades reales.

Porque la política puede construirse sobre relatos. Pero la gestión pública se mide por decisiones. Y son las decisiones las que terminan revelando qué es verdaderamente importante para quienes gobiernan.

miércoles, 24 de junio de 2026

¿UNA PISCINA OLÍMPICA DE 8 MILLONES DE EUROS ES LA PRIORIDAD DE SANT FELIU?

 

El Ayuntamiento de Sant Feliu de Llobregat ha anunciado la construcción de una piscina olímpica exterior climatizada de 52 x 25 metros, junto con nuevos vestuarios, salas de fitness y otros espacios complementarios (Aquí). El coste previsto de esta primera fase asciende a 7.951.100 euros, a los que hay que añadir más de 427.000 euros para la adecuación previa de la parcela.

Según el propio Ayuntamiento, el proyecto está financiado parcialmente con 4,5 millones de euros procedentes de los fondos europeos FEDER. Sin embargo, conviene recordar algo que a menudo se olvida: los fondos europeos no caen del cielo. Son recursos aportados por millones de contribuyentes europeos mediante sus impuestos. Cuando una administración recibe una subvención europea, el dinero sigue siendo público y sigue perteneciendo a los ciudadanos.

La cuestión no es únicamente cuánto cuesta la piscina, sino si esta es realmente la prioridad que necesita Sant Feliu.

Durante años, el gobierno municipal ha insistido en que uno de los principales problemas de la ciudad es la falta de vivienda disponible. En numerosas ocasiones se ha señalado a grandes propietarios y fondos de inversión como parte del problema. Sin embargo, mientras se mantiene este discurso, la inversión estrella anunciada para los próximos años no es un plan de vivienda, sino una infraestructura deportiva de casi ocho millones de euros.

Resulta legítimo preguntarse si una ciudad que afirma sufrir una emergencia habitacional debería destinar semejante volumen de recursos a una piscina olímpica.

Más aún cuando el propio Ayuntamiento reconoce que el objetivo principal de la nueva instalación es permitir que el Club Natació Sant Feliu disponga de una piscina reglamentaria para la celebración de competiciones de waterpolo. Es decir, la principal justificación del proyecto no parece responder a una demanda general de la ciudadanía, sino a una necesidad concreta de una entidad deportiva.

También merece atención el modelo de gestión del Complex Municipal de Piscines. El Club Natació Sant Feliu ha resultado adjudicatario del contrato de servicios del equipamiento municipal y recibirá más de 8 millones de euros durante la vigencia del contrato para la gestión, mantenimiento, monitoraje, socorrismo y limpieza de las instalaciones.

Por ello, muchos vecinos pueden preguntarse si la ampliación prevista supone realmente una mejora para toda la ciudad o si, por el contrario, incrementará la dependencia económica de unas instalaciones que ya requieren una importante aportación de recursos públicos.

La discusión no debería centrarse en si el deporte es importante. Lo es. Tampoco en si una piscina olímpica puede aportar beneficios. Seguramente los tendrá. La verdadera cuestión es otra: cuando los recursos son limitados, ¿es esta la inversión más urgente y necesaria para Sant Feliu?

Antes de comprometer millones de euros de dinero público —municipal, estatal y europeo— los ciudadanos merecen respuestas claras. Merecen conocer el coste real futuro de la instalación, su impacto económico anual, el grado de utilización previsto y qué alternativas se han descartado.

Porque cada euro destinado a una piscina es un euro que deja de destinarse a otras necesidades. Y decidir cuáles son las prioridades es, precisamente, la principal responsabilidad de cualquier gobierno.

¿Quién apoyó esta decisión?

La adjudicación del contrato de gestión del Complex Municipal de Piscines y el modelo planteado para el futuro de la instalación fueron aprobados en el Pleno municipal de marzo.

La votación reflejó una clara división política:

  • A favor: PSC y Tots per Sant Feliu (TTSF).
  • Abstención: Sant Feliu En Comú Podem (SFECP) y Partido Popular (PP).
  • En contra: Veïns per Sant Feliu (VxSF), Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y Vox.

Los ciudadanos tienen derecho a conocer qué posición adoptó cada grupo municipal ante una decisión que compromete millones de euros de recursos públicos y que marcará el futuro de una de las mayores inversiones previstas en la ciudad durante los próximos años.

Más allá de las siglas, la pregunta sigue siendo la misma: ¿consideran los representantes municipales que una piscina olímpica de casi ocho millones de euros es una prioridad para Sant Feliu en este momento? Y si la respuesta es sí, ¿por qué?

viernes, 17 de abril de 2026

¿ A DÓNDE VA TODO ESE CEMENTO ?

 

A nivel nacional, los datos llaman la atención.

El consumo de cemento en España ha crecido con fuerza en los últimos meses, con cifras que recuerdan a etapas de gran actividad en la construcción.














A primera vista, podría parecer que estamos ante un nuevo boom inmobiliario. Pero cuando se compara con otros indicadores del sector, aparece algo inesperado.

El dato clave: la vivienda no acompaña

Si ponemos el consumo de cemento junto a indicadores como los visados de obra nueva o las viviendas iniciadas, la imagen cambia.











Mientras el cemento crece con fuerza, la vivienda se mantiene estable o avanza mucho más lentamente.

Es decir: más cemento ya no significa necesariamente más viviendas.

Este “desacoplamiento” sugiere que el crecimiento de la construcción está viniendo de otros ámbitos.

¿Dónde se está yendo el hormigón?

La explicación más probable está en dos grandes áreas:

  • Infraestructuras y obra pública, impulsadas en parte por fondos europeos
  • Logística e industria, con nuevas naves, plataformas y equipamientos

Este tipo de proyectos consume grandes cantidades de hormigón, pero no se traduce en más vivienda disponible.

¿Y esto cómo se ve a nivel local?

Si bajamos a escala municipal, por ejemplo en Sant Feliu de Llobregat, la sensación encaja bastante con esta idea.

Hay actividad constructora visible: obras, mejoras urbanas, rehabilitaciones, proyectos en marcha…

Pero no da la impresión de que haya un aumento significativo de nuevas promociones de vivienda.

Una ciudad que se transforma más que crece

En lugar de grandes desarrollos residenciales, lo que predomina es otro tipo de intervención:

  • mejoras del espacio público
  • infraestructuras locales
  • rehabilitación de edificios
  • adaptación de espacios existentes

Es decir, la construcción sigue activa, pero con otro foco.

Una lectura interesante

Lo que muestran los datos generales —y lo que se percibe a nivel local— apunta en la misma dirección:

No estamos ante un nuevo boom de vivienda. Estamos ante una construcción más vinculada a la transformación urbana y económica.

En resumen

El cemento sigue fluyendo, pero su destino ha cambiado.

Y eso explica por qué, incluso viendo tanta obra la sensación de falta de vivienda no desaparece.


sábado, 11 de abril de 2026

LIQUIDACIÓN PRESUPUESTOS 2025

 

ANÁLISIS SINTÉTICO

Los números son claros: deuda baja un 40% (a 10,85 millones), ahorro neto sube un 35% (5,45 millones), ingresos +12%, caja +45% (8,5 millones).

A algunos les puede parecer genial. A mí no. Suben el IBI un 2,5% (2,25 millones extra de los vecinos), usan fondos del Estado del Cap.4 (24 millones, el 42% de ingresos) para pagar deudas cuando deberían ir a servicios sociales, y recortan inversiones por miedo al soterramiento.

Primero los datos objetivos. Al final, mi opinión: bien el saneamiento, mal el truco con impuestos y subvenciones.

PD: Deberíamos exigir el desglose completo del Capítulo 4 en la liquidación para verificar el origen real de los fondos (Estado, Generalitat, AMB, UE) y su afectación finalista. Solo así sabremos si el superávit es genuino o maquillado con subvenciones destinadas a servicios sociales

Los datos











El Ayuntamiento de Sant Feliu de Llobregat ha hecho los deberes en 2025: ha bajado la deuda un 40% (de 18 millones a 10,85 millones de euros), ha ahorrado más dinero (5,45 millones netos, un 35% extra que el año pasado) y tiene caja de sobra para futuros proyectos como el soterramiento de las vías del tren. En sencillo: entra más dinero del esperado (+12%, sobre todo del Cap.4 que suben un 29%), gasta casi lo mismo que 2024 (-0,4%) y usa el sobrante para pagar deudas sin pedir préstamos nuevos.​

Lo bueno: más ingresos, menos gastos locos

Entraron 58 millones (casi todo lo previsto), liderados por impuestos locales (+4%) y transferencias corrientes (24 millones, el 42% del total). Gastos totales 54 millones, pero controlados: personal y servicios suben poco (+2-4%), mientras bajan las financieras (-36%, porque pagan deudas) e inversiones (-35%, para priorizar ahorro). Resultado: superávit de 7,7 millones ajustado, y 8,5 millones en caja neta (+45%).​

En palabras simples

2024 Real (M€)

2025 Real (M€)

Cambio

Dinero que entra

52

58

+12% (¡bien!)

Dinero que sale

54,5

54,3

Casi igual

Ahorro después de pagar deudas

4

5,45

+35%

Deuda total

18

10,85

-40%

Deuda vs. ingresos anuales

35%

20%

La mitad!

¿Por Qué Ha Pasado Esto? Fácil

Más dinero de fuera: Capítulo 4 dan 5,5 millones extra, cubriendo gastos sin tocar caja propia.









Gasto en dieta: Menos en préstamos e inversiones grandes (3,5 millones vs. 5,5), para apretar en deudas viejas (amortizan 4 millones).

Cumplen las reglas: No se pasan del límite de gasto (bajan 3%), pese a plan de ajuste por 2024; ahora pueden pedir préstamos nuevos sin problema.​​









Esto deja al ayuntamiento con riñones fuertes: deuda solo el 20% de lo que ingresa al año (ideal <30%), y 17 millones líquidos en banco.​

Preparados para el Soterramiento y 2026

Con deuda tan baja, caben 12-15 millones en préstamos baratos (ICO o bancos) para el soterramiento (proyecto de 62 millones, Gobierno paga el grueso, pero ayuntamiento aporta urbanismo). Para 2026 (presupuesto ~57 millones): si todo igual, ahorro ~6 millones, deuda ~9 millones. Peor caso (subvenciones bajan 15%): ahorro 4 millones, aún OK (ratio 22%).

Impuestos directos

El aumento de 2,25 M€ en impuestos directos (Cap.1) se debe principalmente al incremento porcentual del tipo impositivo (IBI +2-3,5% vía ordenanzas fiscales 2025), no a más viviendas nuevas (crecimiento padrón inmuebles ~+1-1,5% anual, bajo).

Otros: IVTM +10-15% (vehículos), IAE requerimientos +3% (normal).​

Factor

Impacto en +2,25 M€

% Total Aumento

Subida % IBI (2,5-3,5%)

1,0 - 1,5 M€

50-60%

Más Vehículos (IVTM)

0,4 - 0,6 M€

20-25%

IAE

0,5 - 0,7 M€

20-30%

Nuevas Viviendas (+1%)

0,1 - 0,3 M€

5-10%

Impacto Ciudadano: "Castigo Bolsillo" Real

Cuánto Duele: IBI medio vivienda Sant Feliu ~500-700€ anual; +2,5% = 12-18€/año por piso (48k hab., ~20k recibos). Acumulado 10 años fraccionado post-revisión 2005.

Financia Deuda: Sí, ciudadanos pagan ~60% ahorro bruto vía IBI/tasas (+3,4 M€ propios), liberando caja para amortizar 4 M€ deuda (beneficio futuro: intereses bajos).​

Quejas Históricas: Subidas IBI siempre polémicas (4.000 firmas 2013, protestas 2019 +1,5%; 2025 sin ruido notable). Oposición critica "tasazo sostenibilidad", pero PSC aprueba.

 

Algo de historia

Los gobiernos anteriores (Comuns-ERC 2019-2023) dejaron el ayuntamiento a punto de quiebra: pasaron de tener 2,3 millones de superávit en 2018 a deber unos 20 millones en 2023/24 (ratio 35%+), sin un euro en caja y con facturas sin pagar. El PSC actual (desde 2023) recorta gastos, paga deudas y sube impuestos locales un 12% (3,4 millones extra), con el IBI y tasas por las nubes (+2,5%). Resultado: el vecino de a pie paga la borrachera de otros (25-40€ más por hogar al año).

¿Podemos decir que gobierno actual lo está haciendo bien?

Sí, el gobierno actual (PSC desde 2023) lo está haciendo bien en números: deuda -40% (10,85 M€, ratio 20% sano), ahorro neto +35% (5,45 M€), caja +45% (8,5 M€), cumplen regla gasto y PEF (Plan Económico Financiero) ejecución 97% ingresos sin sorpresas. Preparados para soterramiento sin hipotecar futuro (capacidad +15 M€ préstamos).​

Lo Bueno (Objetivo)

Saneamiento Rápido: Amortizan 7 M€/año, ratio deuda/ingresos mitad que 2024 (herencia Comuns-ERC).​​

Ingresos Sólidos: Propios +12% (3,4 M€, IBI/tasas), no solo subvenciones.​

Gasto Controlado: +0,4% pese inflación, recortes inversiones temporales efectivos.​

Pero... El "castigo" ciudadano persiste

Subir el IBI un 2,5% (unos 15€ más por piso al año) escuece, y sirve para limpiar la deuda que dejaron los anteriores (pico de 20 millones en 2023). La oposición lo llama "tasazo del PSC", que ya lo hicieron antes en 2013 y 2019. Los números están bien (8/10), dejan la casa limpia para 2026 (presupuesto de 57 millones). Pero poca empatía con el vecino (pocas rebajas para pobres). Al final, el ciudadano paga el lío de otros, aunque ahora hay estabilidad.

 

Mi opinión

 

Bien hecho bajando deuda, pero el ciudadano sigue siendo rehén del ayuntamiento: suben el IBI por los errores de los anteriores, usan dinero del Capítulo 4 para maquillar números, y recortan gastos corrientes en vez de inversiones.

El truco típico: esos 24 millones del Cap.4 (+29%) son casi seguro dinero del Estado Central, que debería gastarse en servicios sociales o educación, no en pagar deudas ni obras. Pero lo usan para "liberar" dinero propio y amortizar 7 millones de deuda. Así parece que ahorran mucho, pero en realidad recortan otros servicios sociales (gastos Cap.1/2) para quedar bien de cara al soterramiento. Y encima, nos suben el IBI un 2,5% (2,25 millones más que pagamos los vecinos).

Que cada cual juzgue: ¿saneamiento real o números inflados con dinero que no era suyo? Los datos están ahí.