A nivel nacional, los datos llaman la atención.
El consumo de cemento en España ha crecido con fuerza
en los últimos meses, con cifras que recuerdan a etapas de gran actividad en la
construcción.
A primera vista, podría parecer que estamos ante un
nuevo boom inmobiliario. Pero cuando se compara con otros indicadores del
sector, aparece algo inesperado.
El dato clave: la vivienda no acompaña
Si ponemos el consumo de cemento junto a indicadores
como los visados de obra nueva o las viviendas iniciadas, la imagen cambia.
Mientras el cemento crece con fuerza, la vivienda se
mantiene estable o avanza mucho más lentamente.
Es decir: más cemento ya no significa necesariamente más viviendas.
Este “desacoplamiento” sugiere que el crecimiento de
la construcción está viniendo de otros ámbitos.
¿Dónde se está yendo el hormigón?
La explicación más probable está en dos grandes áreas:
- Infraestructuras
y obra pública,
impulsadas en parte por fondos europeos
- Logística
e industria, con
nuevas naves, plataformas y equipamientos
Este tipo de proyectos consume grandes cantidades de
hormigón, pero no se traduce en más vivienda disponible.
¿Y esto cómo se ve a nivel local?
Si bajamos a escala municipal, por ejemplo en Sant
Feliu de Llobregat, la sensación encaja bastante con esta idea.
Hay actividad constructora visible: obras, mejoras urbanas, rehabilitaciones, proyectos en marcha…
Pero no da la impresión de que haya un aumento significativo
de nuevas promociones de vivienda.
Una ciudad que se transforma más que crece
En lugar de grandes desarrollos residenciales, lo que
predomina es otro tipo de intervención:
- mejoras
del espacio público
- infraestructuras
locales
- rehabilitación
de edificios
- adaptación
de espacios existentes
Es decir, la construcción sigue activa, pero con
otro foco.
Una lectura interesante
Lo que muestran los datos generales —y lo que se
percibe a nivel local— apunta en la misma dirección:
No estamos ante un nuevo boom de vivienda. Estamos ante una construcción más vinculada a la transformación urbana y
económica.
En resumen
El cemento sigue fluyendo, pero su destino ha
cambiado.
Y eso explica por qué, incluso viendo tanta obra la sensación de falta de vivienda no desaparece.


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