domingo, 4 de enero de 2026

UNA POLÍTICA SOCIAL LIBERAL PARA SANT FELIU DE LLOBREGAT

Ayudar mejor, no perpetuar la dependencia

La política social municipal solo tiene sentido si parte de la realidad y se evalúa por sus resultados. En Sant Feliu de Llobregat disponemos de datos públicos suficientes para diseñar una política social rigurosa, focalizada y eficaz, compatible con una visión liberal basada en la autonomía personal y la responsabilidad institucional.

1. Una ciudad con una estructura demográfica clara

Sant Feliu cuenta con 47.170 habitantes, según el padrón municipal. Su estructura demográfica muestra con claridad uno de los principales retos sociales del municipio: el envejecimiento de la población.

Gráfico 1. Distribución de la población por edad (%)














  • Menores de 15 años: 12,9 %
  • Población en edad activa (15-64): 66,3 %
  • Mayores de 64 años: 20,8 %

Más de una de cada cinco personas en Sant Feliu supera los 64 años. Este dato, por sí solo, obliga a repensar las políticas sociales: no desde el alarmismo, sino desde la planificación inteligente.

En términos absolutos, esto significa que cerca de 10.000 vecinos son personas mayores. La política social municipal debe orientarse a preservar su autonomía, combatir la soledad no deseada y evitar la institucionalización innecesaria, que además es la opción más costosa para el contribuyente.


2. Empleo: mejora sostenida, pero con retos sociales específicos

Sant Feliu no es un municipio con una situación laboral crítica, y eso también debe decirse con honestidad.

 Gráfico 2. Evolución de la tasa de paro registrada (%)













La tasa de paro ha descendido de forma constante:

  • 2021: 9,2 %
  • 2023: 6,9 %
  • 2025: 6,29 %

Esto sitúa a Sant Feliu por debajo de muchas medias comarcales y provinciales, lo cual es una buena noticia. Sin embargo, la política social no debe centrarse solo en el dato agregado, sino en quién queda fuera de esta mejora:

  • Paro de larga duración.
  • Mayores de 45 años.
  • Personas con baja cualificación.
  • Familias trabajadoras con ingresos insuficientes.

Aquí es donde una política social bien diseñada marca la diferencia.

3. Ayudas con objetivo: itinerarios personalizados

Una política social liberal no elimina la ayuda, pero rechaza la ayuda indefinida y sin rumbo.

Cada persona que acceda a apoyo social debería contar con:

  • Diagnóstico individualizado.
  • Objetivo claro (empleo, formación, autonomía).
  • Plazo definido.
  • Evaluación periódica.

El éxito del sistema no se mide por el número de expedientes activos, sino por cuántas personas dejan de necesitarlos.

4. Personas mayores: más autonomía, menos dependencia

Dado el peso demográfico de la población mayor, la prioridad debe ser clara:

  • Programas contra la soledad no deseada, en colaboración con entidades locales.
  • Ayudas para adaptar viviendas y mejorar accesibilidad.
  • Impulso de servicios de atención domiciliaria, combinando iniciativa privada y apoyo público.
  • Programas de envejecimiento activo y participación comunitaria.

Cuidar a los mayores no significa decidir por ellos, sino darles herramientas para seguir decidiendo.

5. Vivienda social como instrumento, no como sistema permanente

La vivienda es un factor clave de exclusión social, pero también uno de los ámbitos donde más errores se cometen.

Desde una perspectiva liberal:

  • Priorizar alquiler asequible y temporal, revisable según ingresos.
  • Rehabilitar vivienda vacía antes que construir sin planificación.
  • Incentivar a propietarios privados mediante garantías y mediación.
  • Vincular ayudas a itinerarios de inserción social y laboral.

La vivienda social debe ser un puente hacia la estabilidad, no un punto final.

6. Medir, evaluar y rendir cuentas

Una política social moderna debe ser transparente. Propongo indicadores públicos como:

  • Tiempo medio de permanencia en ayudas.
  • Inserción laboral tras programas sociales.
  • Coste por beneficiario.
  • Porcentaje de salida del sistema.

Lo que no se mide, no se mejora.

Conclusión

Los datos muestran que Sant Feliu de Llobregat no necesita más ideología, sino mejor gestión. Una población envejecida, un mercado laboral que mejora y unos recursos públicos limitados exigen una política social focalizada, evaluable y orientada a la autonomía.

Ser liberal en política social no es abandonar a nadie. Es negarse a condenar a nadie a depender indefinidamente del sistema.

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