miércoles, 14 de enero de 2026

ZONAS DE BAJAS EMISIONES: UNA SOLUCIÓN ADMINISTRATIVA A UN PROBLEMA REAL

 

La activación de la Zona de Bajas Emisiones (ZBE) en Sant Feliu de Llobregat, prevista para mayo-junio y limitada inicialmente a la centralidad urbana, responde al Decreto 132/2024 de la Generalitat de Catalunya. Esta imposición normativa afecta a 25 municipios catalanes de entre 20.000 y 50.000 habitantes, limitando la autonomía municipal en un tema de máxima relevancia local.

La contaminación atmosférica es un problema real que genera externalidades negativas. Negarlo no sería liberal, sino una negación de la evidencia. La cuestión central es cómo corregirlo y con qué instrumentos.

El contexto específico de Sant Feliu

Con alrededor de 47.000 habitantes, Sant Feliu es un municipio periférico del Baix Llobregat donde el 95% del parque móvil ya cuenta con etiqueta ambiental. Apenas un 5% de vehículos quedará afectado por las restricciones.

¿Es proporcional una regulación tan intrusiva para un problema que impacta a una fracción tan reducida del parque móvil? La teoría económica exige que las intervenciones guarden relación razonable con la magnitud del problema que corrigen. Aquí, esa proporcionalidad resulta discutible.

La ZBE como restricción de libertad

Desde una óptica liberal, la ZBE es una prohibición administrativa del uso de propiedad privada (el vehículo) impuesta por criterio público. Vehículos sin etiqueta no accederán al centro, y en episodios de alta contaminación tampoco lo harán los diesel con etiqueta B.

Que afecte a una minoría no legitima la restricción. En una sociedad liberal, los derechos no se miden por porcentajes.

Un diseño económicamente deficiente

El sistema de etiquetas presenta fallos estructurales:

No mide emisiones reales, sino antigüedad tecnológica

Trata de forma idéntica comportamientos ambientales distintos

Un diésel moderno de 2023 puede contaminar menos que un gasolina antiguo de 2010, pero ambos reciben el mismo trato administrativo. Esto es una mala internalización de la externalidad: no paga quien más contamina, sino quien no cumple un estándar arbitrario.

Prohibir frente a internalizar

El liberalismo prefiere mecanismos de mercado sobre prohibiciones. Peajes urbanos variables por emisiones reales, impuestos ligados a contaminación documentada o incentivos tecnológicos bien diseñados lograrían:

Preservar libertad de elección

Asignar costes proporcionales al daño real

Minimizar distorsiones sociales

La ZBE opta por la vía administrativamente simple, no necesariamente por la más eficiente ni justa.

El caso de Palencia: Prudencia frente a rigidez

Palencia (76.000 habitantes) realizó un análisis de impacto socioeconómico antes de su ZBE. Reconoció beneficios potenciales en salud pública y movilidad activa, pero también efectos regresivos sin alternativas de transporte y apoyo comercial.

Su respuesta: ZBE muy limitada con sanciones aplazadas hasta 2027. Esta prudencia contrasta con la aplicación más rígida prevista para Sant Feliu.

Una discriminación silenciosa

Las ZBE afectan desproporcionadamente a:

Rentas bajas

Personas mayores

Autónomos y pequeños comerciantes

Trabajadores con movilidad intermunicipal

Sin transporte público suficiente ni ayudas reales para adaptación, el centro se convierte en espacio accesible solo para quienes asumen los costes regulatorios, vulnerando la igualdad ante la ley.

Legalidad, legitimidad y subsidiariedad

Que la ZBE sea obligatoria por decreto no agota el debate público. Cuando el 95% del parque móvil ya cumple normativa, imponer una ZBE uniforme sin adaptación local viola el principio de subsidiariedad.

La Generalitat decide, pero Sant Feliu ejecuta y paga las consecuencias socioeconómicas.

Conclusión

La ZBE de Sant Feliu aborda un problema legítimo con un instrumento de eficacia marginal y costes sociales significativos. Cuando genera beneficios ambientales limitados, impone restricciones generalizadas y carece de alternativas reales, deja de ser solución técnica para convertirse en problema de gobernanza.

Las políticas inteligentes corrigen problemas minimizando daños colaterales y respetando contextos locales. En este caso, faltan ambas cosas.

Nota: Basado en el Decreto 132/2024, datos municipales de Sant Feliu (95% parque conforme) y análisis de impacto de Palencia (2024).

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