sábado, 17 de enero de 2026

EL PROGRAMA INTEGRAL PLUS: UNA CRÍTICA ECONÓMICA SOBRE SUBVENCIONES, SEÑALES DE PRECIO Y EMPLEO INDUCIDO

 

El Programa Integral Plus de Cataluña, que ofrece subvenciones de hasta 12.430,98 euros durante 18 meses a empresas que contraten a personas desempleadas de larga duración (mayores de 30 años en paro prolongado o mayores de 45), constituye un ejemplo representativo de las políticas activas de empleo basadas en incentivos directos a la contratación. Se trata de una intervención bien intencionada, orientada a un problema real y persistente del mercado laboral español. No obstante, desde una perspectiva de economía política rigurosa, el programa merece un análisis que vaya más allá de sus objetivos declarados y examine sus efectos económicos subyacentes.

El problema de fondo: la alteración del precio del trabajo

La teoría económica clásica, y en particular los análisis de Friedrich Hayek sobre el sistema de precios como mecanismo de información, permiten identificar una primera dificultad conceptual. En una economía de mercado, los salarios cumplen una función esencial: agregan información dispersa sobre productividad, escasez relativa de habilidades y demanda empresarial.

Cuando una persona permanece desempleada durante largos periodos, el mercado laboral está transmitiendo una señal —incómoda, pero informativa— sobre un posible desajuste entre productividad, habilidades y costes laborales vigentes, especialmente en contextos de elevada regulación y cuña fiscal. Intervenir sobre esa señal mediante una subvención implica alterar el mensaje que el sistema de precios está emitiendo.

El Programa Integral Plus, en la práctica, reduce de forma artificial el coste laboral percibido por la empresa, cubriendo una parte relevante del salario durante 18 meses. El resultado es que se hacen viables contratos que, a precios de mercado no intervenidos, podrían no resultar rentables. Esto no implica que dichos empleos carezcan de valor intrínseco, pero sí que su viabilidad depende de una transferencia pública temporal, no necesariamente de una productividad suficiente en términos de mercado.

Señales, selección adversa y desempleo estructural

El desempleo de larga duración suele asociarse a diversos factores estructurales: menor capital humano, obsolescencia de competencias, automatización sectorial o desajustes geográficos entre oferta y demanda de trabajo. En España, estas dinámicas son particularmente relevantes debido a una combinación de bajo nivel educativo medio y rigideces institucionales.

El diseño del programa parece asumir, al menos implícitamente, que una parte sustancial del desempleo prolongado responde a discriminación o estigmatización por parte de los empleadores. Si ese fuera el factor predominante, una subvención temporal podría actuar como mecanismo de señalización positiva, permitiendo que la empresa descubra la productividad real del trabajador.

Sin embargo, la evidencia disponible sugiere que el desempleo de larga duración en España tiene un componente estructural significativo. En ese contexto, una subvención limitada en el tiempo difícilmente puede resolver un desajuste profundo entre las habilidades ofrecidas y las demandadas por el mercado. En el mejor de los casos, puede posponer el ajuste; en el peor, simplemente ocultarlo temporalmente.

Una cuestión empírica clave —sobre la que sería deseable mayor transparencia— es la tasa de permanencia en el empleo una vez finalizado el periodo subvencionado, tomando como referencia programas precedentes como el 30 Plus. Si dicha tasa fuera elevada a medio plazo, el programa ganaría solidez analítica. La ausencia de datos públicos detallados impide, por ahora, una evaluación concluyente.

Incentivos y riesgo moral

Desde la teoría de incentivos, el programa también plantea interrogantes sobre la alineación de comportamientos entre empresas, trabajadores y administración.

Para las empresas, la estructura temporal de la subvención puede favorecer decisiones de contratación condicionadas a su duración. Una vez finalizada, el coste laboral vuelve a reflejar su nivel real, lo que puede inducir ajustes de plantilla si la productividad no compensa plenamente.

Para los trabajadores, aunque el programa ofrece una oportunidad valiosa de reentrada al mercado laboral, el carácter subvencionado y potencialmente transitorio del empleo puede reducir —en determinados casos— los incentivos a invertir en formación adicional o especialización, especialmente si no existen mecanismos claros de progresión posterior.

Para la administración, como ocurre con muchos programas públicos, existe el riesgo de dependencia institucional: una vez creado el marco, su continuidad puede quedar vinculada a dinámicas presupuestarias y políticas más que a evaluaciones rigurosas de impacto.

El efecto sustitución y el empleo no observado

La literatura económica sobre políticas activas de empleo ha documentado de forma recurrente el efecto sustitución: las empresas tienden a priorizar trabajadores subvencionados frente a otros candidatos igualmente válidos pero sin apoyo público. En estos casos, el número de “empleos creados” no coincide con el empleo neto generado en la economía.

Esto sugiere que parte del impacto del programa puede consistir en una redistribución del empleo existente, más que en una expansión sostenida de la demanda laboral. Evaluar este efecto requiere análisis contrafactuales que, de nuevo, no suelen estar disponibles en el debate público.

Coste y alternativas: la necesidad de un análisis comparativo

El coste directo del programa es conocido. Menos visibles son los costes indirectos: gestión administrativa, seguimiento individualizado, y, sobre todo, el coste de oportunidad de los recursos públicos empleados.

Un análisis coste-beneficio completo debería comparar el impacto del programa con alternativas plausibles: reducciones generales de cotizaciones sociales, inversión intensiva en reconversión formativa, o incluso una menor presión fiscal que favorezca la creación de empleo endógena. Sin este ejercicio comparativo, resulta difícil afirmar que la subvención a la contratación sea el uso más eficiente de los fondos disponibles.

Consideraciones finales

El Programa Integral Plus responde a una preocupación legítima y aborda un problema real. Sin embargo, desde una perspectiva económica, plantea dudas razonables sobre su capacidad para resolver las causas estructurales del desempleo de larga duración.

La experiencia comparada sugiere que las subvenciones temporales pueden mejorar indicadores a corto plazo, pero su impacto a medio y largo plazo depende críticamente de la productividad real, la acumulación de capital humano y el marco institucional en el que operan empresas y trabajadores.

La economía no niega la necesidad de actuar; advierte sobre la importancia de actuar correctamente. Reformar el mercado laboral, reducir barreras a la contratación, invertir eficazmente en educación y permitir que los precios transmitan información veraz siguen siendo elementos centrales de cualquier estrategia sostenible de empleo.

Mientras las políticas públicas se centren en corregir los síntomas mediante intervenciones puntuales, los desequilibrios de fondo tenderán a persistir. Y es ahí —en las causas, no en los efectos— donde debería situarse el centro del debate.

No hay comentarios:

Publicar un comentario