Hay cosas que en Sant Feliu parecen formar parte del paisaje. Una de ellas
es esperar el autobús, mirar el reloj y confiar en que llegue cuando toca. Y,
cuando no llega o viene lleno, poco podemos hacer aparte de esperar al
siguiente.
Para muchos vecinos, el autobús no es una cuestión política ni económica. Es el medio para llegar al trabajo, a clase, al médico o para volver a casa después de una jornada larga. Lo que importa es que pase a su hora, que haya sitio y que el servicio responda a las necesidades de la gente. Precisamente por eso merece la pena hacerse la siguiente pregunta: ¿está organizado nuestro transporte para dar el mejor servicio posible al ciudadano o nos hemos acostumbrado a que funcione como ha funcionado siempre? En buena parte del transporte metropolitano, las líneas se adjudican mediante concesiones a operadores que asumen la prestación del servicio durante un periodo determinado. Es un modelo legal y extendido, pero tiene una característica que no conviene pasar por alto: en una misma línea, el usuario normalmente no puede elegir entre varias empresas.
